El Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana, situado bajo el puente de Enrique de la Mata Gorostizaga entre la calle Serrano y la glorieta de Rubén Darío (el paso elevado que une las calles de Juan Bravo y Eduardo Dato), contiene una excelente colección de escultura abstracta española.
El propósito del museo era recuperar un espacio urbano para uso común, convirtiéndolo en zona de paso, descanso y esparcimiento y acercar al público el arte abstracto español. El museo se abrió al público en 1972 ocupando una superficie de 4200 m2. Está configurado por una amplia zona central, cubierta en su mayor parte por el tablero del paso elevado y bordeada por dos franjas ajardinadas. Para salvar el desnivel del terreno, el museo está estructurado en tres niveles que descienden suavemente desde la calle Serrano hasta el Paseo de la Castellana.
Las obras han sido sometidas a diferentes restauraciones a lo largo de estos años. Desde el verano de 2025 a febrero de 2026, se ha llevado a cabo las de las obras Plaza-Escultura, de Gustavo Torner; Mediterránea, de Martín Chirino; Estructura permutacional, de Francisco Sobrino; Estructura hiperpoliédrica del espacio, de Rafael Leoz; Un món per a infants, de Andreu Alfaro; Estela de Venus, de Amadeo Gabino; Al otro lado del muro, de José María Subirachs; Proalí, de Marcel Martí; Proyecto para un monumento IV B, de Pablo Palazuelo; Volumen-relieve-arquitectura, de Gerardo Rueda; Toros ibéricos, de Alberto Sánchez; La Petite Faucille, de Julio González, y Unidades Yunta, de Pablo Serrano.
El resto de las piezas —Tríptico, de Manuel Rivera; Móvil, de Eusebio Sempere, y Mère Ubu, de Joan Miró— se restauraron en campañas anteriores. Por su parte, la obra Lugar de Encuentros III, de Eduardo Chillida, fue objeto de una intervención específica con motivo del centenario del artista, celebrado en 2024.
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Los artistas representados en el Museo pertenecen cronológicamente a dos generaciones de la vanguardia española. La primera es la denominada "vanguardia histórica", formada por todos aquellos que, durante los años veinte y treinta, abrieron nuevos caminos frente al arte establecido, como Joan Miró, Alberto Sánchez o Julio González. El segundo grupo está formado por la generación de los años cincuenta, heredera del espíritu vanguardista anterior a la Guerra Civil. Una de las obras más singulares es La sirena varada de Eduardo Chillida.
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Los ingenieros José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón, autores del puente, y el artista Eusebio Sempere idearon allí un espacio para aproximar al ciudadano a las más modernas tendencias artísticas. Este museo tiene además la particularidad de constituir un ámbito urbano donde los elementos funcionales -puente, accesos, pasos de peatones, etc.,- forman un todo unitario en el que quedan perfectamente integradas las esculturas que allí se exponen.