El agua de Madrid

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No hay vuelta de hoja. El agua de Madrid es excelente. Y no es porque lo digan las autoridades locales, que también, sino porque son muchos los embajadores desinteresados del líquido elemento de la ciudad. Hasta el célebre pianista londinense James Rhodes lo alabó en un tuit reciente: “Cuando era más joven, todos en el Reino Unido me decían “¡no beban agua del grifo en España! ¡Te enfermarás!”. Bueno, he estado bebiendo agua del grifo en Madrid por meses y es jodidamente deliciosa. Y gratis (…)”.

Mejor campaña de promoción, imposible. Y el Canal de Isabel II, la empresa pública responsable de la gestión del agua en la Comunidad de Madrid, retuiteó, como es natural, la valoración del músico inglés.

Embalses: De Navacerrada a Pedrezuela

Hay que recordar que el Canal de Isabel II gestiona 14 embalses (El Villar, El Atazar, Navacerrada, Valmayor, Santillana, Pedrezuela, etc.) y 75 captadores de agua subterránea, cada uno, evidentemente, con sus controles de calidad y tratamientos de potabilización.

Pero el secreto del buen sabor del agua de Madrid se halla en el origen, ya que no es lo mismo, según los expertos, que la sierra sea granítica, como la madrileña, o caliza. La clave está en que el granito no se descompone fácilmente y el agua llega a los ríos con menos cal y minerales. Además, los embalses de Madrid están muy protegidos porque, al estar destinados al abastecimiento de agua, tienen restringido el baño y las actividades deportivas.

Puedes consultar aquí la relación total de fuentes de agua potable para beber de la ciudad de Madrid, tantos las situadas en vía pública como aquellas que están en zonas verdes, parques y jardines.

Los viajes del agua

El subsuelo de Madrid tiene cientos de kilómetros de galerías por los que transcurrieron durante siglos (desde la fundación de Madrid en la segunda mitad del siglo IX, hasta 1858 en que se inaugura la traída de aguas del río Lozoya por medio del Canal de Isabel II) los míticos “viajes de agua”, el sistema de canalización que recogía los acuíferos (mayrat) que los árabes trasladaron desde Persia a Madrid en el siglo IX. De hecho, el nombre de Madrid procede del vocablo árabe “mayrat”, que fue castellanizado en Magerit.

Era tanta la abundancia de agua en la zona que esta fue una de las razones por las que Felipe II trasladó la capital de España a Madrid. Se calcula que existen 124 kilómetros de viajes de agua bajo el asfalto y algún tramo estuvo en funcionamiento hasta finales del siglo XIX o principios del siglo XX. O sea, una historia de más de 10 siglos.

Pese a situarse Madrid en las proximidades del río Manzanares, no fue ésta su principal fuente de agua, debido a que el núcleo de población se encontraba a gran altura respecto al río, y a que sus aguas no eran aptas para el consumo debido a la contaminación. Para resolver el problema de abastecimiento de agua potable, y tras el traslado de la Corte a Madrid por Felipe II, se recuperó el sistema utilizado de época árabe y se empezaron a construir nuevos y extensos ramales.

Las zonas de captación de agua se localizaron en el sector norte y nordeste de Madrid, entre los caminos de Fuencarral y el de Alcalá, en las cercanías de los pueblos de Fuencarral, Chamartín, Canillas y Canillejas. Estas zonas se encuentran a una mayor altitud que la Villa, permitiendo que el agua discurriera hasta el centro de la ciudad gracias a los desniveles propios de la topografía madrileña.

El suministro de agua a Madrid estaba dividido por distritos. Cada uno tenía asignado un número de fuentes, caños, aguadores y una dotación económica específica para su mantenimiento.

El acueducto de Amaniel

El Ayuntamiento de Madrid ha rehabilitado recientemente unos 50 metros del antiguo viaje de agua de Amaniel o “viaje de Palacio”, que daba servicio al Palacio Real y servía para que la Corona pudiese dar concesiones a conventos y nobles. Atravesaba la Dehesa de la Villa y el acceso a las galerías estaba en el paseo de Juan XXIII, a la altura del número 23 de la vía. Su nombre procede de la antigua Dehesa de Amaniel, situada en la actual Dehesa de la Villa, que es donde se capta el agua del nivel freático.

El de Amaniel es uno de los cinco viajes de agua más importantes de Madrid, junto a los de la Castellana, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo y la Alcubilla. A éstos habría que sumar otros menores, como los de Segovia, Caños del Peral, Caños de Leganitos o Fuente del Berro.

Visitas guiadas

El programa de actividades ambientales Hábitat Madrid del Ayuntamiento organiza periódicamente visitas guiadas gratuitas para conocer la singular historia de los viajes de agua. Hay dos itinerarios. Uno va desde Dehesa de la Villa hasta Caño Gordo y el otro transcurre desde Caño Gordo hasta el Caño del Peral (plaza de la Ópera), donde se pueden contemplar los vestigios de la fuente en la que finalizaba este viaje de agua. De hecho, aquí se encuentra el Museo de los Caños del Peral, que exhibe restos de la Alcantarilla del Arenal, de la fuente de los Caños del Peral y del Acueducto de Amaniel, encontrados en 2009 cuando se hacían obras de rehabilitación de la estación de Metro de Ópera.

Tal es la importancia de los viajes de agua que en 2002 la Unesco recomendó declararlos Patrimonio de la Humanidad.

 

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