Esta popular pastelería fue inaugurada en 1894 en la Puerta del Sol. Su nombre se debe al origen mallorquín de sus fundadores, Coll, Ripoll y Balaguer, aunque su producto estrella primigenio no era la napolitana actual, sino la ensaimada y el chocolate a la taza que les proporcionaba Matías López, cuya fábrica se encontraba en la cercana calle de Montera y que degustaban los clientes en el saloncito que entonces estaba en lo que hoy es la trastienda.
Se trata de un local con dos departamentos muy bien diferenciados, ya que tiene café-bar en la planta superior y pastelería, aunque también vende fiambres. Son famosas sus ensaimadas, napolitanas y trufas. Su emblema es una mallorquina bailando, que aparece en su rosado papel de envolver.
La Mallorquina cuenta con otras sucursales en la calle Velázquez, 39; en la Glorieta de Quevedo (calle Arapiles, 1); en la calle Narváez en su confluencia con O'Donnell, y en la calle Maurrás, 7.
A través de su web se pueden realizar pedidos para recoger en tienda o enviar a domicilio.