La zarzuela

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La historia de la zarzuela está íntimamente unida al Madrid más castizo. La ciudad ha sido cuna y motivo de inspiración de muchas obras de este género que reflejaban la realidad social de los siglos XVIII y XIX.

La zarzuela, género parecido a la ópera, se puede definir como una obra de teatro en el que se intercalan números musicales. Entre sus personajes más característicos abundan los chulos (individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse), los ratas (ladrones), las niñeras o a la policía.

El origen de este género se remonta al siglo XVII, cuando el Palacio de la Zarzuela se convirtió en el lugar de encuentro de la corte con los artistas de la ciudad. Gracias a las fiestas que se celebraban allí surgió el que se considera el género lírico español por excelencia. Algunos estudios consideran al escritor Pedro Calderón de la Barca como el primer autor de libretos de zarzuelas, con obras como La púrpura de la rosa o El laurel de Apolo.

Altibajos

La zarzuela ha sufrido épocas de esplendor y de decadencia. Así, con la llegada de los Borbones a la Corona española en 1700, y debido al desconocimiento del idioma, el género zarzuelístico decae en detrimento de los géneros italianizantes. Sin embargo, Ramón de la Cruz consiguió recuperar el éxito de la zarzuela durante la mitad del siglo XVIII gracias a obras como Las segadoras de Vallecas o El Licenciado de Farfulla que reflejaban la vida cotidiana de la sociedad del momento. No obstante, a su muerte, la zarzuela vuelve a ser sustituida por la tonadilla (breve ópera cómica).

Habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX para constatar el momento de mayor esplendor para la zarzuela, con los estrenos de las obras de Mariano Pina, Joaquín Gaztambide, Francisco Asenjo Barbieri o Emilio Arrieta en los teatros de la Comedia y en el del Drama.

En 1856 se inaugura el Teatro de la Zarzuela, en la calle Jovellanos, donde se representan obras cuyos argumentos se centran en el rechazo popular hacia los ministros italianos de la época –como en El barberillo de Lavapiés–.

Madrid y su género chico

En la década de los 60 se reduce el tiempo de las obras a una hora de duración y se comprime el número de actos. Además, los temas musicales pegadizos y el bajo precio de las entradas hicieron triunfar a la zarzuela entre los estratos menos pudientes de la sociedad. Surge, de esta forma, el género chico madrileño. En él, los decorados recrean los ambientes de Madrid y los personajes que reflejan a las clases más populares son los verdaderos protagonistas de la trama. Además, en las obras se representaban el baile y la música del chotis, con lo que se plasmaba el folclore más castizo de Madrid.

El estreno en 1886 de La Gran Vía y Cádiz, de Federico Chueca, dio paso a los mejores años del género y, desde entonces hasta 1900, los teatros madrileños representaron multitud de zarzuelas con títulos tan reconocidos como La Revoltosa, de Ruperto Chapí, Agua, azucarillos y aguardiente, de Chueca, Gigantes y cabezudos, de Manuel Fernández Caballero o La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón.

A pesar de que en los primeros años del siglo XX se estrenaron obras importantes como La Dolorosa, de José Serrano, o Las Golondrinas, de Jose María Usandizaga, el género chico fue desapareciendo progresivamente, no así las representaciones teatrales de obras consideradas ya clásicas para nuestra escena.

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