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Velázquez y el Palacio del Buen Retiro

La figura del maestro de la pintura, como guía de excepción, conduce al visitante por los espacios que ocupó el majestuoso palacio

El Patronato de Turismo nos traslada hasta el siglo XVII para recorrer las salas del Palacio del Buen Retiro, aquel que mandó construir el Conde Duque de Olivares para disfrute del rey Felipe IV en el prado de San Jerónimo. Un palacio pensado como un lugar de recreo para la Corte, que contó con la colaboración de ilustres maestros para su decoración. Diego Velázquez fue uno de ellos.   

Felipe IV, admirador de las artes

Aunque la residencia oficial del rey estaba ubicada en el Alcázar, lugar que hoy ocupa el Palacio Real, Felipe IV acostumbraba a descansar en un edificio del monasterio de los Jerónimos conocido como el Cuarto Real. Su primer ministro, el Conde Duque de Olivares, quiso complacerle una vez más, eligiendo en esta ocasión regalarle unos terrenos cercanos para edificar en ellos un magnífico palacio. Comenzó así la construcción, en 1629, de un conjunto arquitectónico compuesto por más de 20 pabellones, completado con bellos jardines, suntuosas fuentes e, incluso, un gran estanque.

A pesar de que en la actualidad se ha reducido notablemente su extensión, el escaso testimonio que queda de tan impresionante obra forma parte hoy del patrimonio más importante de Madrid. Son, concretamente, el Casón del Buen Retiro –que está siendo rehabilitado para acoger parte de la colección del Museo del Prado-, el Museo del Ejército –entonces Salón de Reinos- y los jardines que forman el Parque del Retiro.

Velázquez y el Palacio del Buen RetiroNo hay que olvidar que el siglo XVII es el Siglo de Oro para las artes y las letras. El monarca muestra un gran interés por la arquitectura, la pintura, la escultura, la literatura, etc., y ello contribuye al desarrollo artístico de la Villa. Mientras, Velázquez convertido ya en Pintor del Rey Felipe IV, se gana el afecto y admiración del monarca, al tiempo que comienza su ascensión en la Corte, por lo que consigue varios encargos para decorar el nuevo palacio. Así, se inaugura finalmente en diciembre de 1633 el Real Sitio del Buen Retiro

La Iglesia de los Jerónimos, residencia real

Felipe II inició la costumbre de que la Familia Real utilizase los Jerónimos como una residencia a la que retirarse para descansar. Por ello, se habilitaron en el monasterio una serie de apartamentos reales para las temporadas en las que el monarca y su familia decidían acudir allí para llevar una vida casi monacal.

El importante poder del que disfrutaba la orden de los Jerónimos se traducía en que gran parte de las tierras del prado les pertenecían, por lo que aunque no todo el Retiro era de su propiedad, sí lo eran muchos de los alrededores.

El hecho de que el Primitivo Monasterio de San Jerónimo el Real fuese al tiempo residencia de frailes y reyes, provocó en su estructura una notable mezcla de estilos. Así, se perciben desde pináculos de estilo gótico hasta torres neo góticas, pasando por el arco carpanel renacentista de la entrada principal. Las diferentes restauraciones a las que ha sido sometida, y el que durante la Guerra Civil fuese una iglesia especialmente castigada, han hecho que su estructura original no haya sido respetada. Aún así, es una de las iglesias más armónicas en su conjunto que tiene Madrid. 

Las recepciones en el Salón de Reinos

El Palacio del Buen Retiro fue creado para el descanso y el entretenimiento del rey y su corte; sin embargo, también celebraba en él diferentes actos y recepciones oficiales. Quienes acudían a estas audiencias debían de seguir todo un ritual que les obligaba a pasar por diferentes espacios. El primero de ellos era un ala rectangular del palacio ocupada por la Sala de Batallas y por el Salón de Reinos, llamado así porque en sus muros se exponían los escudos de todos aquellos reinos que formaban la Corona española.

En la actualidad, este edificio se ha convertido en el Museo del Ejército y es uno de los lugares en los que la ruta se detiene brevemente. A pesar de haber sido restaurado, el Salón de Reinos conserva la decoración del siglo XVII para la que Velázquez ideó los techos.

El Salón de Baile

El Casón del Buen Retiro se construyó en dos alturas como fabuloso Salón de Baile al que los invitados se trasladaban tras presentar los honores al rey en el Salón de Reinos. A pesar de que fue levantado entre el Renacimiento y el Barroco, se trata de un edificio muy clásico, ideado por el arquitecto Carbonell. Combina piedra blanca con granito y ladrillo, aunque el estilo neoclásico de sus frontones triangulares y las columnas, delatan que los trabajos de construcción se retomaron en el siglo XIX. Lejos de la majestuosidad que se le presupone al Salón de Baile de un palacio, lo cierto es que el nombre con el que se le conoce en la actualidad responde al aspecto descuidado que presentó durante tiempos pasados.

En la actualidad, este edifico está siendo sometido a una nueva restauración con el fin de unirlo al resto del Museo del Prado –incluyendo la ampliación que ha proyectado Moneo- a través de subterráneos, para que acoja alguna de sus colecciones pictóricas. De hecho, una estatua de la reina María Cristina colocada frente a la entrada del edificio recuerda que la soberana fue una de las personalidades más importantes e influyentes que participaron en el desarrollo de la pinacoteca. Además, una vez que abra sus puertas de nuevo, el visitante podrá disfrutar también del techo pintado por Lucas Jordán a finales del XVII, en honor de la Corona.

Parque del Retiro Estanque en el Parque de El Retiro

Aunque hoy lo conocemos bastante más pequeño de lo que fue, el Parque del Retiro fue en su origen un extenso paraje que alcanzaba el conocido Paseo del Prado. Pero, poco a poco, su extensión fue disminuyendo para adaptarse a las necesidades de las nuevas infraestructuras. En la época de Felipe IV, la residencia oficial del rey se encontraba en el Alcázar –sobre cuyos terrenos se edificó más tarde el Palacio Real, tras el devastador incendio que sufrió en 1734-, por lo que la gran construcción en forma de L en que se convirtió el Palacio del Buen Retiro se reservó para los momentos de descanso y ocio.

Lo cierto es que los trabajos para concluir lo antes posible el recinto anhelado por Felipe IV se llevaron a cabo de forma precipitada. Sin embargo, el monarca, entusiasta de todo aquello relacionado con el arte y la diversión, pidió que se tuviera especial esmero a la hora de decorar cada una de las dependencias. Velázquez, que ostentaba el título de Pintor del Rey, fue el encargado de seleccionar a algunos de los artistas que contribuyeron con sus obras a llenar los muros del palacio. Además, para esta ocasión, el propio Velázquez pintó algunas de sus más importantes obras, ahora expuestas en el vecino Museo del Prado.

Existen varias puertas de entrada al Parque del Retiro, pero el guía les conducirá en esta ocasión por aquella desde la que, situada frente al Casón del Buen Retiro, permitirá al visitante contemplar el árbol más antiguo que hay en el parque, un majestuoso ahuehuete. Es, además, la puerta en la que los invitados eran recibidos por el propio monarca. Desde allí se desplazaban hasta el lago del parque para disfrutar de las representaciones teatrales que tenían lugar en una suerte de islote de madera que se colocaba en el centro del agua.

Velázquez en el Museo del Prado

Un recorrido pausado por las diferentes salas del Museo del Prado permite comprobar la calidad incuestionable de los fondos pictóricos de la pinacoteca. Pero, en esta ocasión, la ruta se detendrá en los espacios dedicados a las creaciones de Velázquez, de quien el museo posee casi medio centenar de obras.

Durante el recorrido, el visitante se deleitará con algunas de las obras más importantes de Velázquez como Las Meninas, Retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares, Cristo Crucificado, La Fragua de Vulcano, Las Hilanderas o Triunfo de Baco –que el propio Felipe IV bautizó con el nombre de Los Borrachos-.

Pero en esta ocasión, las pinturas que cobran especial relevancia son aquellas que en el siglo XVII ocuparon las paredes del Palacio del Buen Retiro. Entonces, Velázquez eligió plasmar las batallas en las que triunfó la Corona –La rendición de Breda- y realizar los retratos ecuestres que decoraron el Salón de Reinos: Felipe III, su esposa Margarita de Austria, Felipe IV, su esposa Isabel de Borbón y el príncipe Baltasar Carlos.

Fachada lateral del Museo del Prado Fachada lateral del Museo del PradoLa rendición de Breda en una de las salas del Prado  La rendición de Breda en una de las salas del Prado


DATOS DE INTERÉS

Velázquez y el Palacio del Buen Retiro
Recorrido a pie

Lugar de salida: Plaza de la Independencia (Puerta del Retiro)
Horario: visitas guiadas en castellano los viernes a las 10:00 h.
Precio: adultos, 3,25 €. Jóvenes hasta 25 años, estudiantes, jubilados y desempleados, 2,65 €.
Reserva y venta anticipada: (+34) 91 588 29 06 / (+34) 91 588 16 36.

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