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Madrid medieval

Un recorrido entre los vestigios de los pueblos árabes y cristianos que habitaron la capital durante la Edad Media

En la época medieval, Madrid era una pequeña población establecida a las orillas de un arroyo, que crecía en torno a un alcázar mandado construir por el emir de Córdoba, Mohamed I. Durante décadas, la ciudad sirvió de frontera entre reinos árabes y cristianos por lo que las incursiones y los asedios fueron constantes, convirtiéndola en un importante enclave defensivo. En 1083 las tropas del rey cristiano Alfonso VI El Conquistador se hicieron con el control de la ciudad.

El Alcázar y la muralla árabe

Cuentan que cuando el emir de Córdoba llegó en el año 865 a Madrid observó el promontorio en el que actualmente se ubica el Palacio Real, desde el que se alcanzaba a ver con nitidez la Sierra de Guadarrama, y decidió erigir en él, junto a un arroyo que iba a desembocar al Manzanares, una construcción de carácter defensivo que permitiera completar las líneas de atalaya que se extendían por Somosierra y Guadarrama para avisar mediante señales de humo y fuego de las incursiones de los cristianos desde el norte de la Península, y proteger así la ciudad de Toledo.

El conjunto se completa a finales del siglo IX, cuando Mohamed I manda erigir una muralla que rodee el núcleo de población que ha surgido entorno al alcázar. A pesar de que los musulmanes fueron muy respetuosos con los cristianos y les permitieron continuar con su religión, les ubican en el exterior de la muralla, al otro lado del arroyo, dando lugar al arrabal mozárabe, que se extenderá alrededor de la iglesia de San Andrés.

De la muralla árabe se conservan unos restos que fueron hallados en 1957 al derribar el Palacio de Malpica, en la calle Mayor, a la altura de la catedral de La Almudena. Hecha con piedra de sílex y adobe, contaba con torreones cuadrados y aparejo cordobés y nacía y moría en el alcázar, abarcando un terreno de 900 metros cuadrados. 

Iglesia de San Nicolás de los Servitas

Tanto en el barrio reservado a los cristianos como en el resto de terrenos que rodeaban la muralla, poco a poco se fue incrementando la población. En la zona surgieron varias mezquitas árabes que, según se cree, se convirtieron posteriormente en templos cristianos, como es el caso de la parroquia de San Pedro, la iglesia de San Salvador y la iglesia de San Nicolás de los Servitas. Esta última es considerada la más antigua de Madrid ya que su planta y la torre datan del siglo XII y en su interior se han encontrado arcos polilobulados árabes. Sus muros han sido testigos de la historia de Madrid, ya que aquí estuvo enterrado Juan de Herrera, arquitecto que levantó el Monasterio del Escorial, y el templo fue utilizado como sede de las tropas napoleónicas durante la ocupación francesa. 

Iglesia y Puerta de Santa María

Muy cerca de la iglesia de San Nicolás se encontraba uno de los pasos que permitía el acceso al recinto amurallado, la Puerta de Santa María, que fue derribada en tiempos de Felipe II. Este acceso debía su nombre a la cercana iglesia de Santa María, que estuvo ubicada junto a la calle Mayor hasta el siglo XIX. En 1868 fue demolida porque ocupaba parte de la calle y obstaculizaba el tránsito de vehículos, aunque se conservan algunos restos, protegidos por cristales, en la catedral de la Almudena. 

Madrid MedievalImagen de la virgen de La Almudena

La leyenda relata que los madrileños sentían adoración por una figura de la virgen y, ante el temor de que los musulmanes se hicieran con ella, la escondieron dentro de la muralla árabe. La noticia pasó de generación en generación y, cuando Alfonso VI El Conquistador recuperó la ciudad, comenzó su búsqueda.

Dado el fervor de los madrileños hacia esta virgen, el monarca mandó pintar un fresco en la iglesia de Santa María, siguiendo la descripción que la tradición oral había conservado, un retrato que actualmente se ubica en la cripta de la catedral. Tras realizar peticiones y rogativas para encontrarla se organizó una procesión alrededor del cerco árabe. Dice la leyenda que cuando ésta pasaba cerca de la Puerta de la Vega se escuchó un estrepitoso ruido, empezaron a caer piedras del muro y apareció la figura escondida. Sería llamada Nuestra Señora de La Almudena en recuerdo a la población musulmana de intramuros. 

Matrice, Madrid o la calle Segovia

Un arroyo separaba la muralla árabe del barrio mozárabe, donde se asentaban los cristianos. La calidad de sus aguas ya fue descubierta por los romanos, que lo llamaron Matrice, que significa Madre, porque era el caudal más importante. Con la llegada del rey Alfonso VI a la zona, los musulmanes pasan a vivir al barrio de la morería, el mismo lugar en que antes se ubicaban los cristianos, y deciden bautizar el río con el nombre de Mayra, que aparecerá posteriormente unido al sufijo ibero romano 'it', quedando como Mayrit que, por degeneración fonética, se irá llamando Magerit, Matrit y finalmente, dará nombre a la ciudad: Madrid, que traducido literalmente del árabe significa agua que corre.

Ese arroyo se corresponde en la actualidad con la calle Segovia y, junto a él, se sitúan los baños árabes que en tiempos de Alfonso X el Sabio eran utilizados tanto por musulmanes como por cristianos. Con la expulsión de los moriscos en el siglo XVII por Felipe III y Margarita de Austria, estos baños fueron cerrados. 

La muralla cristiana y el barrio de la morería

Cuando llega Alfonso VI a Madrid se encuentra con dos poblaciones, una intramuros y otra extramuros, por lo que decide levantar una nueva muralla que englobe la segunda población para defenderla de los constantes asedios que vivió la ciudad en la Edad Media. La muralla cristiana se unía con la árabe en la zona de la Cuesta de la Vega y se extendía hacia la plaza de Carros, la cava baja, la cava de San Miguel y la actual calle Mayor, para subir hacia la zona de Ópera donde, en el entorno de la Plaza de Oriente, se unía con el alcázar. Apenas se conservan restos de esta muralla, aunque en la zona de la Costanilla de San Pedro todavía se pueden contemplar muros de la cerca cristiana. 

El barrio de la Morería  Madrid Medieval

El barrio de la morería quedaba dentro del perímetro de esta muralla y a él se accedía atravesando el río Mayra, justo por donde quedaba la Casa del Pastor, de la que sólo se conserva una talla en piedra de un escudo de la villa en el que aparecen la osa y el madroño coronados. En este lugar se levantaba la casa de José, un sacerdote acaudalado que dejó todas sus pertenencias a la primera persona que al día siguiente de su muerte pasara por la Cuesta de la Vega. Casualmente, el afortunado fue un pastor que había dado cobijo al cura cuando era perseguido por la Inquisición.

En el barrio de la morería destacan la Plaza del Alamillo, donde se situaba el Tribunal de Justicia de los árabes; la Costanilla de San Andrés, desde la que se observa una inigualable perspectiva de la torre de San Pedro El Viejo, y la Plaza de la Paja, que recibe ese nombre porque en ella los labriegos depositaban diezmos de paja para alimentar a los caballos del párroco de la Capilla del Obispo y del de San Andrés. 

Puerta de Moros, Puerta Cerrada y Puerta de Guadalajara

En la Plaza de los Carros, junto a la Casa Museo de San Isidro, se aprecia el lugar en el que se abría una de las puertas de la muralla cristiana: la Puerta de Moros, que daba acceso al barrio de la morería y junto a la cual, en la Plaza de la Cebada, se emplazaba el cementerio árabe de Uesa del Raf.

La muralla continuaba hasta la cava baja, donde se levantaba la entrada que da nombre a la Puerta Cerrada. Sus recodos fueron usados por los ladrones para esconderse de modo que los asaltos y asesinatos allí acaecidos fueron tales que el Ayuntamiento decidió cerrarla.

Todos los restaurantes de la calle Cuchilleros conservan restos de la muralla cristiana, hasta llegar a la Calle Mayor, donde se ubicaba la Puerta de Guadalajara, que fue la entrada principal de la villa y estaba custodiada por dos grandes torres decoradas con relieves y un reloj. Desde este punto la muralla se extendía a la Cava Escalinata, de donde salía a la plaza de Ópera para encontrarse de nuevo con el Alcázar. Cuentan que en una rinconada de Ópera se encontraba la puerta de Valnadú, llamada así porque, probablemente, en la zona se ubicaban otros baños árabes.

 

Muralla Árabe y Catedral de La Almudena Muralla Árabe y Catedral de La Almudena
Imagen de la Virgen de La Almudena  Imagen de la Virgen de La Almudena