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el MADRID de los austrias

Aunque durante los siglos XVI y XVII Madrid fue la capital de un gran imperio, su arquitectura no reflejaba el papel internacional que le tocó jugar. La sobriedad de sus iglesias y palacios contrastaba con la ostentación de otras cortes europeas. Pero esta austeridad respondía al espíritu y al protocolo que caracterizaba a la dinastía de los Austrias. Oculto en el Alcázar, el rey pocas veces se dejaba ver en público. Mientras, Madrid recibía a los buscavidas, los escritores, los artistas e hijosdalgos que deseaban medrar en la corte.

Calles estrechas y tortuosas, sombríos palacios y conventos ocultos tras una tapia son los escenarios que todavía sobreviven del Madrid de los Austrias. Entre la Cuesta de la Vega y la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad, el viajero encontrará las huellas de la antigua capital. No era una ciudad grandiosa. La humildad de sus edificios, la falta de coherencia urbanística y el gran número de iglesias sorprendía a los embajadores y cronistas extranjeros. En el extremo oeste se levantaba, sobre el mismo lugar en el que hoy se encuentra el Palacio Real, el Alcázar, un inmenso edificio desde el que se gobernaba el mundo y que desapareció bajo las llamas en 1737.

Plaza MayorFelipe II había traído la corte en 1561, y aunque durante algunos años del reinado de Felipe III regresó a Valladolid (1601-1606), Madrid volvería a acoger la capitalidad dada su ubicación en el centro de la península. Los Austrias no se preocuparon demasiado por embellecer la ciudad, que mantuvo su trazado medieval. El único proyecto urbanístico de cierta envergadura fue la Plaza Mayor, que reorganizó un amplio espacio vació al este de la ciudad conocido como plaza del Arrabal, donde se celebraba el mercado. Diseñada por Juan Gómez de Mora en 1617 por encargo de Felipe III, el conjunto ha sufrido numerosas transformaciones desde su creación. Los muros eran de ladrillo visto y durante décadas sirvió para celebrar corridas de toros, espectáculos populares y autos de fe.

Túneles secretos

A pocos metros de la Plaza Mayor, en la Plaza de la Provincia se encuentra el Palacio de Santa Cruz, antigua cárcel de corte, mandada construir por Felipe IV en 1629 a Alonso Carbonel. Este edificio resume con enorme claridad las características de la arquitectura de los Austrias: muros de ladrillo y granito, fachadas muy sobrias de balcones, torres en las esquinas y chapiteles de pizarra. En la actualidad es el Ministerio de Asuntos Exteriores. También propios del Madrid de los Austrias, el Palacio Cañete o la Casa de la Villa, en la calle Mayor repiten otra vez el mismo esquema. No sería disparatado imaginar el Antiguo Alcázar de los Austrias tuviera un aspecto similar.

Por lo visto, para evitar las calles de esta ciudad desordenada, los monarcas habían mandado construir una red de túneles secretos que comunicaban el Alcázar con los sitios que más frecuentaban. Y aunque hay cierta leyenda en esta vida subterránea de la corte, lo cierto es que al menos si existieron dos, uno que conectaba el palacio con el Monasterio de la Encarnación, de fundación real, y otro que lo conectaba con la iglesia de San Gil, donde se bautizaba a los príncipes e infantes. Fantasmas, duendes y diablos burlones pueblan, según la literatura y la tradición, los tejados, las cámaras secretas y los pasadizos de esta parte de la ciudad.

Felipe IV construyo a las afueras de la ciudad el Palacio del Buen Retiro, del que sólo conservamos el Salón de Reinos y el Casón, en la actualidad salas del Museo del Prado, y los jardines, que conforman el parque del mismo nombre.

Colegiata de San IsidroInstituciones religiosas    

El gran número de instituciones religiosas que había en la ciudad del siglo XVII dificultaba el crecimiento de Madrid. Hoy sólo conservamos algunas de las más interesantes, como las iglesias de San Andrés y San Ginés o el Monasterio de las Descalzas. En la calle Toledo los Estudios Reales del Colegio Imperial, dirigido por los jesuitas, compitió con las principales universidades españolas. Ahora es un Instituto de Enseñanza Secundaria y al lado se encuentra la Colegiata de San Isidro, donde se conservan las reliquias del santo y de su esposa, Santa María de la Cabeza. 

Pero en un paseo por el barrio de los Austrias también nos toparemos con edificios de los siglos XVIII y XIX de gran interés, pese a no tener una vinculación con la dinastía de los Habsburgo. Por ejemplo, el visitante no puede dejar de ver la Basílica de San Miguel, San Francisco el Grande o el Teatro Real.

Una buena forma de recorrer el Madrid de los Austrias es apuntarse a las rutas de Visitas guiadas oficiales.

Plano de Madrid en 1656, realizado por Pedro de Texeira, según encargo de Felipe IV.   

Monasterio de la Encarnación 


DATOS DE INTERÉS

Palacio Real de Madrid

Plaza Mayor

Palacio de Santa Cruz 

Casa de la Villa

Palacio de Cañete

Monasterio de la Encarnación

Monasterio de las Descalzas

Colegiata de San Isidro

  • Dirección: Toledo, 37
  • Metro: Sol (L1, L2, L3)